No creas que me he olvidado de ti,
sé que aún te debo ese café
con el que nos despertábamos
cada mañana y nos dábamos ese beso de bienvenida en cada canción sanando nuestras heridas.
Tú allí, yo ...
Aquí , en el mismo lugar de siempre,
delante de ese teléfono que espera impaciente trasmitir
el sonido de tu voz,
Un buenos días al despertar,
un hola cómo estás...
Pero sé que no sonará,
te puede más el miedo que las ganas,
aunque tu mente musite a cada instante mi nombre
casi tanto como tu recuerdo
en mi mente, aunque...
Yo después de cada despedida suelte lágrimas que me quemen el alma, y sienta que mueran mis deseos por verte, por hablarte, por sentir tu respiración a través de la distancia.
Conformarme a seguir soñando contigo, viviendo a cada instante en mi tu regreso.
M.A.A.L.