el deseo de verte,
que se escapa
a través de una lágrima.
En mis labios... Tu nombre,
y mi voz gritando
a los cuatro vientos mil lamentos por no haberte dado las caricias
y besos que te debo,
que tanto ha callado mi garganta,
desde aquel día
que se cruzaron nuestras miradas.
Y fue ahí...
En ese preciso momento
cuando nuestros corazones empezaron a palpitar
a marcha apresurada
en el silencio de aquella habitación sin ventana.
Ese maravilloso e inolvidable encuentro en el cual aprendimos el lenguaje del amor a través
de nuestra palabra callada,
la que solo tú y yo
supimos escuchar en el silencio
la pasión de nuestra melodía desenfrenada.
M.A.A.L.